Cuando está triste, Juan Villoro dice que como mexicanos hemos pasado el Apocalipsis

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Cuando está triste, Juan Villoro dice que como mexicanos hemos pasado el Apocalipsis. No nos dimos cuenta, pero aquí estamos, viviendo sobre los restos.

Cuando está demasiado triste, habla del caos, de cómo es vivir en una de estas grandes capitales, con muchísimos habitantes presentes, cómo llegar de lado a lado.

Pero la mayoría de las veces Juan Villoro siempre está feliz por haber nacido en la Ciudad de México, una materia que durante los últimos 50 años hablará en un libro que saldrá por Almadía.

Mientras tanto, dará dos conferencias, el 29 y 31 de agosto próximos. Una de ellas es “El caos no se improvisa” y la otra es “Instrucciones para sobrevivir en la Ciudad de México”.

Aquí, unos datos.

–Cualquiera necesitaría consejos para andar por la Ciudad de México. En los últimos 10 años ha cambiado muchísimo

–La Ciudad de México ha cambiado de manera apasionante. Cuando yo tenía cuatro años la ciudad tenía unos cuatro millones de habitantes y hoy tiene una cantidad incierta que probablemente se acerca a los 18 o 20 millones de ciudadanos. Nunca en la historia de la humanidad, una ciudad se ha expandido de esta manera. Lo mismo pasó con Calcuta, con Tokio, con San Pablo y estas ciudades tan grandes implican grandes desafíos para poder vivir en ellas. Cómo vivir en semejantes territorios, que ha cambiado como las arenas del desierto. Cuando Gunter Grass estuvo en México, preguntó cuántos habitantes había y le contestaron entre 16 y 18 millones. Frente a lo que dijo, cómo es posible que su margen de error sea de dos millones, si dos millones de habitantes tiene la ciudad donde vivo. Nuestro margen de error es del tamaño de una capital europea. Es lo que es la Ciudad de México, es la expansión avasallante. Yo he estado escribiendo un libro, desde hace mucho tiempo, que retrata los últimos 50 años. De la expansión horizontal de la ciudad hasta este vértigo. El Valle de México fue cubierto en un plano horizontal, no fue cubierto con edificios de altura. Pero desde hace algunos años ha cambiado esta tendencia y ya vemos elevados edificios en Reforma y muchos otros lugares. El vértigo horizontal se llama mi libro y voy a dar dos conferencias sobre el tema.

–La ciudad antes era un poco mejor, más allá de los habitantes, hoy está toda la ciudad en refacción.

–Hay un tema muy interesante en la ciudad del pasado, tendemos a ver con cierta nostalgia la ciudad anterior. Esta es una actitud normal en cada uno de nosotros. Esa ciudad anterior es la de nuestros afectos, las historias que vivimos, las relaciones compartidas y a lo mejor tenía grandes rezagos pero con el tiempo los borramos. Entonces hay cierta fascinación por la ciudad del pasado y al mismo tiempo el análisis del presente nos ofrece una ciudad que nos queda a deber. La Ciudad de México tenía zonas maravillosas que han desaparecido y lo ilícito se ha convertido en lo más popular del negocio. Los hemos visto con los mototaxis en Tláhuac, los taxis piratas, cómo pagan coima los ambulantes, escándalos que se suceden unos a otros. Una ciudad progresivamente en la expresión del crimen organizado, contra el “santuario” que muchos consideraban que era. Pero hoy en día las mafias del narcotráfico están muy presentes en las más diversas colonias, incluso en oasis como la UNAM. Entonces, es una ciudad que realmente enfrenta problemas muy graves, que se han desarrollado en función del gran capital, que ha creado obras absurdas como el segundo piso, que privilegia los automóviles por encima del transporte público, que ha tenido un desarrollo en zonas especulativas como Santa Fe, que es una zona desde el punto de vista geológico muy vulnerables. Al mismo tiempo, es una ciudad extraordinaria, tiene un amplio sentido de la convivencia, se adelantaron leyes progresistas que después han ido asumiendo gran parte del país, es una ciudad paradójica, de futuro, de esperanza, de renovación e incluyente, y es una ciudad especulativa, llena de ilegalidades y eso nos obliga a recordar lo que dijo Jorge Luis Borges de Buenos Aires: “No nos une el amor, sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”.

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–Hay también un aspecto ciudadano, ¿por qué el ciudadano no reclama? Hay miles de puestos ambulantes, por ejemplo, frente al Hospital General…

–Hay una ocupación del espacio público que tiene que ver con redes de poder. En México tarde o temprano se sindicaliza. Hay un grupo que se convierte en un representante de poder. Los ambulantes, los vagabundos, se meten en grupos de presión. Me parece interesante que haya distintas formas de comercio, que la economía informal desde el tianguis de los aztecas hasta nuestros días pertenece a la infraestructura de la ciudad. Pero ahora hay una usurpación del espacio público. Una privatización del espacio público. A la orilla de la UNAM estaba la ruta de la salmonelosis y actualmente se ha institucionalizado como una zona permanente de la ciudad.

–En Peralvillo están los que hacen chapa y pintura en la calle, no te dejan pasar ni aunque seas peatón, ¿por qué nadie se queja?

–Es que la ilegalidad se ha convertido en la forma de hacer negocios. Como en la Buenos Aires, donde se venden autopartes robadas y hay muchísimos negocios abiertos que pertenecen al delito, pero con el sistema tributario, muy parecido al sistema azteca, pagan la mordida conveniente para que eso prospere y siga. El país entero ha encontrado una economía en lo ilegal que es muy preocupante. La corrupción es el atajo hacia una más favorable situación económica.

–Hablabas de la ciudad como algo también importante, por ejemplo, ir a recorrer el domingo el Castillo de Chapultepec es la onda.

–México tiene eso. Es una ciudad magnética, que sigue atrayendo a muchísima gente. El Castillo de Chapultepec es increíble. Llevé a mi hija cuando cumplió 6 años y esa ascensión a la montaña, ver la ciudad desde arriba, es algo absolutamente extraordinario. Los mexicanos no dejamos de tener conciencia que allí se jugó una parte importante de nuestra historia. Lo mismo con el Museo de Antropología, con su dimensión, el Templo Mayor, Ciudad Universitaria, uno piensa en la grandeza de miras que se tuvo para lanzar ese proyecto, la dimensión y el talento que se juntó para hacerlo, es maravilloso. Esta ciudad mezcla todos esos aspectos increíbles con la violencia, la corrupción, la falta de respeto a la legalidad. Hay un uso de suelo que nunca se obedece, edificios que deberían hacerse hasta determinado piso pero igual se pasan, es una ciudad en lucha consigo mismo. Cuando ocurrió el terremoto, en 1985, demostró que tiene un espíritu solidario total, el Gobierno tardó en reaccionar, negó el apoyo internacional, quería lucir como alguien solvente y fue contraproducente. Pero lo que hizo la gente fue salir a la calle, asumir la actividad que rebasaba las actividades del gobierno. Todos nos pusimos brazaletes amarillos y con un paño así nosotros nos calificábamos como salvadores de la ciudad. Generamos el Partido del Temblor, que era un partido que no aspiraba a nada concreto en términos electorales, pero que era un partido crítico. La capacidad de acoger a gente de otras partes, es una ciudad que fundaron los migrantes, vinieron personas de Chicomostoc, cerca de Nayarit, y fundaron la ciudad. Es una ciudad que se ha enriquecido con los inmigrantes de muchos lugares, de la provincia, de la Guerra Civil Española, de las dictaduras latinoamericanas, de comunidades indígenas. Alguien como Andrés Manuel López Obrador, con un acento costeño de la ciudad luego de tres años de vivir acá pudo ser alcalde de la ciudad. El hecho de que la gente siga llegando a la Ciudad de México es con su sentido de imantación. Hay un texto maravilloso de Borges, llamado “El guerrero y la cautiva” que cuenta la historia de un militar que tenía que destruir Ravena, su ciudad enemiga. Cuando él ve la ciudad, ve esos terraplenes, esas escalinatas, esos balcones, esos palacios, él se siente superado por esa obra en piedra y decide no luchar contra la ciudad. Cambia de bando y muere defendiendo Ravena. No es un traidor, sino un converso, dice Borges.

–No hablas de política pero las autoridades tienen mucho que ver.

Fuente: Sin Embargo.