El disco fantasma de Paul McCartney vuelve a la vida

#

“La historia de Percy Thrills Thrillington y su álbum de debut, Thrillington, es un puzle del que nadie tiene todas la piezas”. Lo aseguraba la juguetona nota de prensa que acompañó el lanzamiento del disco en 1997, un hecho tan desapercibido como las lágrimas en la lluvia del replicante, aunque su objeto no fuera ni artificial ni mera imitación. Al revés: es una de las obras más notables de la carrera en solitario de Paul McCartney, por fin reeditada en vinilo. Fogonazo de arte autónomo, pese a nacer como versión instrumental de otro de sus trabajos, Ram (1971), y álbum fantasma durante las más de dos décadas que McCartney tardó en reconocer su firma. El tal Thrillington nunca existió.

Retrocedamos hasta 1971, con las turbulencias por la disolución de los Beatles aún bullendo y Ram a pocas semanas de salir al mercado como la segunda entrega post-ruptura de McCartney y única a dúo con su mujer, Linda (no tardarían en fundar Wings). El soft rock de Ram sólo ha recibido loas superlativas en años recientes. Tibieza en cambio entonces, precedida por una idea de Paul: esa versión orquestal para la que se apoya en un arreglista de confianza, Richard Hewson. La fe se la había otorgado dos años atrás para Those Were the Days, primer sencillo de Mary Hopkin en Apple Records, el sello creado por los Beatles. Hewson carecía de toda experiencia.

La manzana y su caos. Paul deseaba cuerdas en dicho tema. El A&R, Peter Asher (mitad de Peter and Gordon y hermano de la actriz Jane Asher, novia de McCartney) no conocía ningún arreglista y se le ocurre Hewson, compañero en un trío diletante de jazz, por sus estudios de clásica. La improvisación funciona: repite en la ópera prima de James Taylor y, sobre todo, en el Let It Be de los Beatles (orquesta en tropel, tomas obsesivas y guardaespaldas del productor Phil Spector incluidos). Y después Hewson acepta el reto de Paul para Thrillington, cuyos arreglos escribe en un mes.

15, 16 y 17 de junio: tres días de sesiones en los estudios Abbey Road para plasmar el álbum. McCartney produce y lleva el timón, pero no toca ningún instrumento y, por supuesto, no canta. Entre los músicos, gente prestigiosa como el bajista Herbie Flowers o el batería de The Tornados, Clem Cattini. Como ingenieros, Tony Clark y su ayudante, Alan Parsons, que también se encargarían de la mezcla. Conduce la orquesta Richard Hewson. ¿Anécdotas? De la cogorza de uno de los instrumentistas que arrasa con su coche nueve de los aparcados junto al estudio a las afinadísimas goteras del baño registradas al final del disco.

Las canciones de McCartney para Ram cobran nueva vida en Thrillington. Tras un collage de apertura, Too Many People se llena de efectos electrónicos acuosos mientras el saxo suple lo que era guitarra eléctrica de Paul en el original. Ni rastro, obviamente, de los dardos contra John Lennon y Yoko Ono (“demasiada gente predicando”). Las únicas voces, sin letra y al igual que en otros cuatro cortes, las aportan miembros de dos agrupaciones: Swingle Singers y Mike Sammes Singers (se pueden rastrear sus coros en temas de los Beatles, Mike dirige aquí a todos). Dos arreglos jazzísticos irrumpen: el sensual de Three Legs y de Dear Boy (una alusión en su génesis al exmarido de Linda). Entre medias, vientos a tutiplén y un coro de niños para Ram On. La admiración de Hewson por Nelson Riddle, el arreglista de Frank Sinatra, ilumina los momentos pianísticos de dos de las cumbres, Uncle Albert / Admiral Halsey (primer disco de oro para el Paul solista en la versión de Ram, un medley a lo Abbey Road beatleliano) y The Back Seat of My Car.

Hubo un single en Thrillington: Eat at Home, con sus ecos de Buddy Holly reconvertidos al reggae. El rock de Monkberry Moon Delight muta en jazz de los años veinte y el arreglo pop de Heart of the Country (Paul la retomó en 2013 junto a Elvis Costello para promocionar recetas vegetarianas de Linda) no esconde los tintes jazzísticos (contrabajo y escobillas). Mientras que la cuica brasileña de Smile Away añade exotismo al halo del álbum, cruce de jazz, easy listening y pop orquestal.

¿Por qué acabó la grabación en un estante? Paul priorizó fletar la nave de Wings. Seis años después, con el grupo en plena carrera y la explosión punk, el álbum del carnero con frac y violín (Hipgnosis cofirma la portada) sale directo al traste. Los anuncios en el Times y el Evening Standard sobre las andanzas sociales del sofisticado Percy Thrillington, pura filfa publicitaria, no mitigan el no asumir la autoría: apenas alguna reseña en formato breve para el artista desconocido. Y pese a los rumores siempre existentes, Paul no confiesa hasta 1989, en una entrevista donde añade que la pluma del tal Clint Harrigan que firmaba las notas del álbum era, en realidad, la suya.

Fuente: El País 

Compartir.