El videoclub no morirá mientras siga habiendo fanáticos del cine: Rómulo González

Por / hace 4 mess
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Para el propietario del videoclub Amores, Rómulo González, el hecho de que ya no haya tantos negocios de este tipo, se debe más que nada a que los costos de mantenimiento son muy altos y no es culpa de la piratería, ni mucho menos de las plataformas digitales, pues “mientras siga habiendo fanáticos del cine, el videoclub no morirá”.

Luego de que en las décadas de los 80 y 90 se llegaron a registrar más de 10 mil negocios dedicados a la renta y venta de películas y videos musicales, en la actualidad quedan muy pocos en la Ciudad de México y uno de ellos, es el Videoclub Amores, fundado por el señor González y quien junto a su hijo Omar atienden todos los días a un gran número de personas miembros desde hace años de este videoclub.

“Iniciamos en 1984, con cien títulos en formato Beta, era muy emocionante ver a las familias llegar para rentar sus películas, pues por lo general eran cintas que ya habían visto en el cine y que ahora tenían la oportunidad de tenerlas en su casa, luego vino el VHS, hasta llegar al DVD”.

Don Rómulo, quien recibió a Notimex en su negocio, compartió que en todos estos años, casi 32, han tenido que ir sorteando una serie de obstáculos, como la piratería y las nuevas plataformas digitales, hasta llegar al Netflix, pero contrario a lo que se pudiera pensar, todo esto ha ayudado a que la gente siga buscando sus películas favoritas.

“Los grandes videoclubes de antaño como Blockbuster o Videocentro tuvieron que cerrar por costos, tener un negocio como esto implica muchos costos y sí hubo un tiempo en que la gente comenzó a buscar otras opciones, pero siempre regresan, pues en un videoclub tenemos películas que no están ni en YouTube o en Netflix, sobre todo el cine de época o de catálogo”.

Añadió que además de que los fines de semana llegan muchas familias a adquirir sus “pelis”, entre semana acuden estudiantea en busca del cine de arte.

“Nosotros tenemos más que un catálogo, una colección de poco más de siete mil títulos, todas en DVD y de la mejor calidad, los distribuidores nos siguen surtiendo como antes y ahora el tiempo del cine al video se ha acortado más o menos como por tres meses, anteriormente el tiempo era de casi seis meses”.

Don Rómulo recordó que en los tiempos del VHS llegó a tener casi veinte máquinas rebobinadoras y hasta ocho empleados, para darle servicio a toda la gente que llegaba a entregar sus videos.

“Era mucho trabajo, teníamos que revisar una por una, luego guardarlas en sus cajotas, ahora con el DVD las cosas se han facilitado y la calidad ha mejorado increíblemente”, comentó.

Agregó que lo único que no ha cambiado son los precios: “Esos siguen igual, bueno adaptándonos a los tiempos, actualmente una renta sale en 20 pesos por 48 horas y además tenemos paquetes y vendemos las golosinas y las papitas, hay que buscarle para que salga”.

Tocando nuevamente el tema de las plataformas digitales, como Netflix o Blim, el señor González aseguró que el tiempo ha sido un tanto enemigo de los videoclubes, pero mientras haya clientes que busquen sus películas, esto seguirá adelante.

“No sabemos hacia dónde va ir o a terminar esto, llegaremos hasta donde la gente quiera, es difícil predecir el futuro, pero mientras el público siga favoreciéndonos seguiremos, simplemente la música que se graba y que se baja de internet hasta gratis, se sigue vendiendo en las tiendas y lo mismo pasa con las películas y a la gente le gusta tener su película física”.

Incluso, comentó que los niños son de sus mejores clientes.

“A pesar de que se la pasan ahora en el celular, o el iPad o la computadora, los niños siguen viniendo con sus papás para que les compren o renten sus películas. Aquí, los fines de semana se llena de familias y es bonito ver cómo los niños piden sus cintas y eso que en internet o en los canales de cable hay infinidad de opciones”.

Muchos famosos que viven cerca de la colonia Del Valle, son miembros del videoclub de don Rómulo, incluso el lugar ha servido para grabar películas, series y documentales.

“El año pasado Adal Ramones filmó una película aquí que habla precisamente de la nostalgia de los videoclubes, también se grabó la serie 'Súper X' y ha venido Cristina Pacheco a documentar la historia del negocio. Tenemos clientes conocidos como Alfredo Adame, Raquel Pankowski, Adrián Uribe, muchos vienen, siempre buscando sus películas”, platicó.

Sobre qué fue de esos enormes cassettes en formatos Beta o VHS, don Rómulo compartió que poco a poco fueron desapareciendo.

“Muchos, la gran mayoría se vendieron, otros de plano se tuvieron que tirar y pues como en todo negocio, hubo quien se quedó con algunos que ya no devolvieron”.

Pero lo que sí guarda son los enormes pósters que las distribuidoras les daban para publicitar sus filmes. “Aún conservamos muchos y nos siguen llegando, la tienda está repleta de esto y los vamos renovando conforme llegan los nuevos títulos, pero muchos los tenemos guardados y podríamos hacer un museo”.

Finalmente, don Rómulo señaló que el cine ha sido parte importante en su vida y en la de su familia, un gusto que heredó a sus nietos y a pesar de tantos títulos que tiene, nunca falta una cinta que les interese ver.

“Hay muchas historias en este negocio, lo más bonito es que a pesar de todas esas plataformas y aparatos modernos, la familia sigue viniendo a adquirir sus películas, eso es lo mágico del cine, pues puede uno ir a las grandes salas y si la película les gustó se esperan a que salga en video para comprarla o rentarla”.

Desaparición de videoclubes cambió costumbres de suscriptores

Con el cierre de prácticamente la mayor parte de los videoclubes o alquiladores de películas en la capital mexicana, se limitó la ilusión de aquellos que acudían a esos negocios por el esperado estreno y/o la convocatoria semanal de acudir en familia para seleccionar el título favorito.

Ahora, las multiplataformas han cambiado la tradición, el ritual de acudir a rentar una película, basta una tarjeta y suscribirse en línea al alquilador preferido y listo.

En un sondeo efectuado por Notimex algunos de aquellos que disfrutaron la época del videoclub de la colonia y luego de la apertura de los Videocentros, los Macrovideocentros y, hasta los avasalladores Bluckbusters, recuerdan la aventura de alquilar el estreno del mes nacional o internacional.

“La primera vez que me suscribí a un videoclub fue al Blockbuster de Plaza Aragón, calculo que iniciando el nuevo milenio, con la llegada de películas en VHS”, dijo Norma Angélica Pérez Quiroz, periodista y editora de un portal de internet.

“Años después frecuentaba la sucursal de Avenida Cuauhtémoc, que fue una de las últimas que cerró, estaba casi esquina con Morena, en la colonia Narvarte, la oferta era bastante amplia y yo solía rentar los clásicos, aquellos que no había tenido oportunidad de ver en el cine”, comentó.

De hecho, agregó, ahí se realizaban algunas conferencias de prensa, cuando aún se anunciaba con bombo y platillo el lanzamiento de alguna película en video, “no recuerdo exactamente el caso particular, pero sí haber asistido a alguno de esos actos mediáticos”.

Poco a poco, señaló la entrevistada, la revolución digital avanzó, “y la tienda se fue transformando, llegó el DVD y ya en su última época cambiaban videojuegos, pero esa alternativa acabó recientemente, ahora hay un restaurante”.

“¿Qué era lo que no me gustaba? Las multas por retrasos, al final terminabas pagando más de lo que costaba una película nueva, dejé de rentar, iba a comprar las cintas usadas que la tienda sacaba de circulación y ponía a la venta”, relató.

Por su parte, Jesús Torres, reportero, ex jefe de prensa en Cineteca Nacional y actualmente de una dependencia cultural, comentó: “Mi papá compró la primera videocasetera familiar, para formato beta, a mediados de los años ochenta”.

Agregó que el primer videoclub al que asistieron para rentar películas se encontraba en una de las tiendas Suburbia, y cuyo catálogo era exclusivamente cine serie B y Z.

“Como rentábamos películas sólo cuando íbamos de compras a la tienda, no era muy funcional”, declaró.

“Hacia fines de la misma década o principios de los noventa, mi papá se ganó una videocasetera VHS en una rifa. Fue cuando nos suscribimos a un Videocentro, ubicado a unas tres o cuatro cuadras de donde vivíamos entonces, cerca de la Cineteca Nacional.

“Aproveché la cercanía del videoclub para atascarme durante los primeros meses de la suscripción con las pocas películas de su catálogo que me interesaban, entre ellas algunas de Woody Allen, Martin Scorsese, cintas de horror hollywoodense y algunas mexicanas perdidas en los estantes”.

Con entusiasmo y nostalgia confesó: “A los pocos meses de la suscripción había visto casi todo lo que me interesaba y, aunado esto, el retraso con el que llegaban las películas de estreno, paulatinamente dejé de rentar en Videocentro. Nunca más volví a suscribirme a videoclub alguno, ni cuando Blockbuster hizo trizas a Videocentro”, concluyó.

De esta manera lo explicó la secretaria Laura Maldonado, quien por muchos años utilizaba los servicios de Blockbuster, de la cual tiene buenos recuerdos.

“Ir a rentar una película era el pretexto maravilloso para salir en familia y tener la expectativa de qué película iban a estrenar y cuáles estarían en la línea de favoritos, para así poder escoger una, de opciones”, señaló Laura.

Agregó que ahora con Netflix el entretenimiento es más económico y a la mano, pero ya no hay esa curiosidad de ver qué título se estrenaría el próximo mes.

Por su parte, Eduardo Martínez, otro usuario comentó que llegó a ir a los Blockbusters cuando estaba en decadencia, ya que los largometrajes que vendían ya estaban con muchas ofertas.

“Mis compañeros y yo íbamos a surtirnos de series, ahí compré varias de ‘Glee’ y ‘Modern family’”, narró el joven, empleado de un banco, quien detalló que en 2012 un trabajador de este negocio, quien iba a cambiar “morralla” le platicó que Blockbuster ya no estaba teniendo tanta aceptación.

“Decía que la venta ya no era como antes, porque ahora veían las películas por internet, que un tal Netflix hizo que bajaran las compras, yo creo que aún deberían de existir las tiendas de películas, ya están en peligro de extinción, tal como está ocurriendo con Mix Up”, dijo.

Opinó que ahora las tiendas de discos y películas que eran antes, ahora ofrecen más productos de tecnología, “tal vez ellos han aplicado la de renovarse o morir, cosa que no hizo Blockbuster”.

Asimismo, cree que era agradable llevar los DVD o VHS que ya no gustaban, para que en estas tiendas las compraran a buen precio, eso sí, con algunas condiciones, de esta manera pudo comprar el Blu-ray de “Quisiera ser millonario”.

“Es una lástima que ya no existan estos locales, porque no hay como esa sensación de poner el disco, escuchar la bandeja y disfrutar de la cinta, además de la emoción de disfrutar el folleto”, señaló.

Por su parte, la reportera y publirrelacionista de obras de teatro, Marilú Tovar recuerda aquellos años del auge del alquiler de películas en videocentros y Bluckbuster.

Comentó que ella era una adolescente que vivía por el rumbo de Iztacalco, y que a pesar de no poder ella contratar la suscripción, su padre fue quien hizo el trámite correspondiente.

“Suscrita la familia era muy fácil ir por películas pues con la credencial yo ya podía rentar. En el video de la colonia te anotaban en una libreta tamaño carta y la credencial era de cartón y tú le pegabas la foto”, dijo.

Más tarde llegaron los Videocentros y tiempo después el Blockbuster, “ahí, el trámite ya era en línea, pues en una computadora aparecía el registro, pero, además, ya necesitabas una tarjeta de crédito”.

Arturo J. Flores, escritor de novelas eróticas, reportero y actualmente editor de una revista para caballeros, recordar aquellos años en que se alquilaban películas lo traslada a su infancia y adolescencia.

“Cuando era niño mi papá nos llevaba a seleccionar películas, pero eso, además de representar un ritual era una tradición, pues a cada uno nos agradaban distintos géneros”, relató sobre sus vivencias de ese tipo en Cuautitlán Izcalli.

Señaló que en su hogar había dos videocaseteras en una de ellas su hermana y él veían sus estrenos o clásicos preferidos mientras que en la otra sus padres disfrutaban de esa tradición.

Fuente: Notimex.