Francia viaja en el tiempo

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París, Francia (abril 2018).- Este año, el recibimiento de la primavera en La Provenza es inusualmente frío. Son las 12 del día y el termómetro marca 0 grados centígrados, los cuales se acentúan por la helada de los vientos, sobre todo en Aviñón, donde su fuerza pareciera capaz de llevarse a un niño, y hay que caminar entonces inclinando el cuerpo contra el aire.

Las corrientes pegan doblemente sobre el Puente de Saint Bénezet, estructura que alguna vez cruzó el Ródano.

Esa joya arquitectónica, nombrada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1995, alguna vez sirvió para cruzar el río, pero de eso apenas si había registro.

Jean Paul Trinquier, funcionario de la Oficina de Turismo de la ciudad, se adentra, bien abrigado, en lo que queda del puente, apenas cuatro arcos de 22 que casi alcanzaban un kilómetro de longitud, uniendo la ciudad con Villeneuve-lès-Avignon.

Narra que su construcción era un enigma, basado en la leyenda de Bénezet, un niño pastor al que los ángeles le encargarían, hacia el siglo XII, durante el Medioevo, levantar una estructura que cruzara el Ródano. Al principio, fue tirado por loco, pero lo cierto es que su empresa prosperaría y él devendría en santo, adorado en la pequeña capilla que aún permanece en una de las pilastras del puente, y donde, se dice, sus restos permanecen.

Pero de nada había certezas, señala Trinquier, hasta hace unos seis años, cuando un proyecto reunió a cinco laboratorios del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, entre arqueólogos, historiadores, geomorfólogos, ingenieros y arquitectos, quienes se dieron a la tarea de indagar en todo vestigio del puente con el fin de reconstruir no sólo su historia, sino incluso su arquería perdida.

Y lo lograron, al menos de manera digital.

"Pudimos crear la maqueta digital de este puente. Ahora ya podemos saber de forma precisa dónde se ubicaban los arcos y los pilares, reconstruir su silueta. Incluso fue posible reconstituir el paisaje que lo rodeaba", cuenta Trinquier, director de Desarrollo de la Oficina de Turismo.

Fue como un viaje al pasado, que ahora su oficina hace posible también para los visitantes a través de la app "Avignon Pont 3D", que recapitula en la recreación, nutrida por la voz de los especialistas que narran la historia de la estructura en tres diferentes periodos históricos y que gracias a las vistas panorámicas en 3D y a la realidad aumentada adentrará al usuario en tiempos antiguos.

HistoPad

Según datos de 2017, Francia se mantiene como primer destino turístico mundial, con una afluencia récord de entre 88 y 89 millones de visitantes extranjeros, 5 millones más que en 2016, y 53 millones de visitantes más que los que recibe México (35 millones en 2016, según la Organización Mundial de Turismo).

Iniciativas como la de Aviñón obedecen a un constante esfuerzo por dar más al visitante. Y no son aisladas.

La tecnología virtual aplicada a la promoción del patrimonio cultural está presente en diversos monumentos, como el Palacio Papal, también nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1995, ubicado a unos pasos del Saint Bénezet.

Frente a la Plaza de San Lorenzo, en la puerta de la fortaleza gótica que fungió como residencia papal durante el siglo XIV, pequeñito, por lo imponente del sitio, aguarda Raphael Marchou, creador de la "HistoPad", una solución innovadora de visita aumentada a partir de una tablet.

¿Cómo fueron las espacios palaciegos en sus años de fulgor? ¿Cómo los cónclaves que eligieron por lo menos a seis papas, desde Benedicto XII (1335) a Benedicto XIII (1394)?

La "HistoPad" recrea las respuestas a preguntas como éstas con tan sólo apuntar hacia las habitaciones la tablet que los visitantes reciben al inicio del paseo. Se disponen de mil 200 dispositivos en diversos idiomas, lo cual hace del sitio, a decir de Marchou, el monumento con la oferta de realidad aumentada más grande del mundo.

Además, la tecnología ha incidido en las visitas.

"Desde la llegada del 'HistoPad', a finales de octubre, la asistencia ya ha aumentado un 22 por ciento en comparación con el año pasado, a pesar de una tarifa de entrada de 1 euro más", asegura el desarrollador.

El recorrido no deja exentos a los más pequeños, pues el dispositivo ofrece para ellos experiencias lúdicas durante la visita, como la misión de hallar monedas ocultas en las habitaciones virtuales: la tablet, para ellos, es una suerte de rastreador de tesoros dentro del imponente e inabarcable edificio que se yergue sobre Aviñón dominando los vientos.

Piedras conectadas

Kilómetros al sur, en Aix-en-Provence, la tecnología cultural encuentra otro ejemplo.

La ciudad de los campos de lavandas aún aguarda que la primavera termine por estacionarse. El frío apenas mengua un par de grados y los pobladores persiguen el sol para calentar un poco los huesos, pero aún no es hora. Las mesas del café ubicado frente a la plazuela de la Rue Gaston de Saporta lucen vacías; comenzarán a ocuparse conforme los rayos solares reconforten sus mesas. Y lo mejor, mientras tanto, es ingresar a la Catedral de Saint Sauveur, que domina la vista.

Construida sobre un antiguo templo romano a partir del siglo V, la iglesia comulga diversos estilos arquitectónicos: románico, gótico y barroco, y de ello se expresa, de manera entusiasta, Stéphan Infantino, un enamorado del sitio que se entregó a la concepción de la primera "catedral conectada".

El término es suyo, y tiene que ver con "conectar sus piedras".

"Aix Cathédrale Connect" es una app para móviles que conjuga el pasado con el presente. Apenas descargarla y adentrarse en el sitio, las "piedras" captan la ubicación del usuario y desplegarán en los dispositivos en línea información precisa, en texto y videos de dos minutos, sobre el sitio al que se adentran, desde la nave central hasta el baptisterio o el claustro, y desde diferentes momentos de su historia.

Infantino ideó la aplicación multilingüe empujado por una prohibición muy común en un país como Francia, celoso del cuidado de sus monumentos.

"En Francia tenemos muchos tesoros, pero el público pasa delante de ellos sin tener acceso a información porque no nos permitían poner carteles en todas lenguas con explicaciones en cada espacio, pues obstruyen la visión de los sitios", explica el desarrollador. "De ahí el valor de esta aplicación, que da mucha información que está escondida en las piedras, en las paredes, y que podemos tenerla en el teléfono".

Desde hace décadas han existido las audioguías, acepta, pero éstas son accesibles sólo desde el sitio.

"En cambio, al bajar la aplicación uno puede llevarse esta información y seguir leyendo en casa. Se trata de una visita más autónoma y más auténtica".

Recreación

En la palabra "autenticidad" podrían cifrarse los esfuerzos franceses para ofrecer, desde diversos frentes, nuevas experiencias de comunión entre los sitios patrimoniales del país y sus visitantes.

En París, por ejemplo, destaca la propuesta de Vincent Burgevin, quien aguarda al pie de la colina coronada por la Basílica del Sagrado Corazón, en Montmartre, mientras el paisaje va cubriéndose de nieve, una nieve que los parisinos, en pleno inicio de la primavera, apenas pueden creerse.

Burgevin es un cineasta que además se ha adentrado en la industria de las startups y ha desarrollado, a través de la firma SkyBoy, una experiencia de realidad superpuesta que se desarrolla en la entrada del funicular que lleva al templo.

En verano, cuenta, las hordas de turistas pueden aguardar horas para subir, y él pensó en aliviar esa espera.

Con tan sólo dirigir los dispositivos a un punto específico de la estación, como si se leyera una suerte de código QR, en las pantallas aparecerá un antiguo operador de funicular que adentra al visitante en la experiencia: la recreación del paisaje histórico de Montmartre a partir de la superposición de efectos especiales en videos filmados en 360 grados.

Lo que se propone es una experiencia de inmersión en el tiempo mientras se aguarda la hora del embarque hacia lo alto de la colina.

Timescope

París en 360 grados. No hay manera de ver esta ciudad sino mirando hacia todas direcciones, y si es posible observarla así a través de la historia, la experiencia es doble.

Lo mismo propone Adrien Sadaka, cofundador y CEO de Timescope, una firma que pone la realidad virtual al servicio de los visitantes en diversos espacios de la urbe histórica, como la Plaza de la Bastilla y las riveras del Sena.

Se trata de una serie de cilindros fijos que giran en 360 grados con un visor ajustable al centro, en el que el usuario se adentra en el paisaje, pero a través de diversas épocas. Desde el Sena, por ejemplo, la pirámide del Louvre podría desaparecer de pronto, y observarse la plaza del antiguo palacio real en su contexto originario, o, en un giro de 180 años, hacia el oeste, será posible observar que la Eiffel, emblema de la urbe, aún no se levanta sobre la ciudad.

"Estas máquinas están instaladas en espacios que acogen al publico y que permiten teletransportarlos en tres dimensiones en lugares con muchísima historia", señala Sadaka mientras gira el cilindro, explicando su funcionamiento. "Es, verdaderamente, la primera máquina para viajar en el tiempo".

La idea es colocar los torneles en diversos puntos, adherirse al mobiliario urbano.

Desde el tornel ubicado junto al Pont des Arts, mientras cae una llovizna, la ciudad resulta otra. Pero es que Francia es otra, o es muchas, todas las que ha sido al mismo tiempo, en un solo espacio, desde una misma visión. Las innovaciones que proponen diversas instancias en tecnología cultural multiplican, de algún modo, al país, y hacen cercana hasta la Francia más distante.

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