La sincera entrega entre Mérida y Ventura

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Tuvo la corrida un emocionante doble preámbulo. De un lado, por la respuesta del público, cómo llenó la plaza agotando las localidades, el ambiente de expectación y de ilusión que le imprimió al prólogo de este arranque de año 2019 de Diego Ventura. Y de otro, por el minuto de silencio tan cargado de respeto y de lamento por el fallecimiento estos días del maestro Joaquim Bastinhas. Un silencio que se hizo unánime en toda la plaza.

El triunfo se le quedó a Diego en las manos en su segundo, con el hierro de José Julián Llaguno, un toro deslucido que tardó demasiado en caer y le obligó a emplear el descabello, la medida de inusitado rigor por parte del palco presidencial para no atender la fuerte petición de segundo trofeo del público. Fue la suya una faena solvente y de mucha complicidad con el tendido, especialmente, en un tercio de banderillas brillante por la enorme capacidad de Bronce para hacerse dueño de todos los terrenos y reducir los espacios para hacer las suertes y la espectacularidad de un gran par a dos manos sin cabezada con Dólar, que marcó el cenit de la actuación del jinete de La Puebla del Río. Cobró un rejón que debió ser suficiente salvo por lo duro en su entrega final del toro, lo que le obligó a descabellar

Recibió Ventura a su primer ejemplar de Rancho Seco a portagayola con la garrocha montando a Bombón en un primer tercio que sirvió para mostrar a las claras que la voluntad de colaboración del toro no era la mejor. Por eso tuvo tanto mérito la lidia que le recetó con Oro ya en banderillas, toreándolo por dentro, muy pegado a tablas, y llegándole mucho para encelarlo y tirar de él. Elevó los decibelios de la conexión con el tendido al sacar a Gitano, con el que ejecutó dos banderillas al violín y al quiebro rematadas con ajustadas piruetas a la salida de las suertes. Mantuvo el tono de la faena con Prestigio ya en el último tercio al clavar las cortas reunidas y ligadas. Pero pinchó con el rejón de muerte y se demoró con el descabello, lo que le privó de toda opción de premio.

Antes del final, tuvo Diego Ventura el gesto grande de figura de donar un novillo para su segunda comparecencia en Mérida del próximo 5 de enero para el novillero Roberto Balladares El Zorrillo, que dio una vuelta al ruedo tras una animosa actuación que se ganó el favor del público y el cariño del rejoneador. Las lágrimas de emocionada gratitud del joven torero realzaron el detallazo de Diego, que correspondió también así a la respuesta en todos los sentidos que hoy le brindó la afición de la capital yucateca.

Fuente: Diegoventura.com

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