Los cinco mejores perfumes para hombre

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En 2017, la categoría de perfumes y fragancias fue la que más creció en el mercado español de cosmética y perfumería hasta alcanzar una facturación de 1.312 millones de euros, un 5,42% más con respecto a 2016, según datos se la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa). Uno de los factores que contribuyen a explicar este crecimiento es la alta demanda de perfumes masculinos, que aumentó en un 7%, especialmente en los de gama alta –un 90% de las compras de fragancias para hombre fueron de marcas de calidad-.

Hasta que Dior no presentó Eau Sauvage en 1966, el perfume masculino que rompió moldes, las grandes marcas de belleza no se habían aventurado a lanzar un olor tan fresco, pues las fragancias para hombre estaban enfrascadas en la intensidad y la contundencia de los aromas amaderados —olores a maderas del bosque—. Desde entonces, el catálogo de perfumes masculinos se ha ampliado de forma considerable y hay una gran variedad de opciones entre las que elegir. Tanto es así, que con el paso de los años hay perfumes que son considerados de culto.

En EL PAÍS Escaparate hemos probado durante varios días diversos perfumes masculinos de las marcas más reconocidas con el objetivo de elegir los cinco mejores según cinco categorías que hemos establecido. El ya mencionado Eau Sauvage, de Dior, destaca como el más clásico; Opium, de Yves Saint Laurent, consideramos que es el más atrevido; L'Eau d'Issey, de Issey Miyake, el más fresco; el más masculino, Fahrenheit, de Dior; y, por último, el más emblemático es Egoïste, de Chanel.

1. El más clásico: Eau Sauvage, de Dior (1966)

Los cinco mejores perfumes para hombre

El lanzamiento de esta fragancia en 1966 marcó un antes y un después en el mundo de los aromas masculinos. Por primera vez, los hombres contaron con un perfume fresco y cítrico, con una base de vetiver y unas notas de limón y romero que se perciben en su aplicación. Añade, además, un punto revolucionario en su estructura olfativa: una elevada concentración de un material llamado hedione o dihidrojasmonato de metil, que procede del absoluto de jazmín y sirve para redondear las notas florales y cítricas de la colonia.

Antes de Eau Sauvage, ningún aroma masculino se había atrevido con un olor tan fresco. El mítico perfumista francés Edmond Roudnitska no solo se decidió por esta fragancia, sino que lo hizo en gran cantidad: un 2%, algo hasta entonces impensable. Otros, como One, de Calvin Klein, o Angel, de Thierry Mugler, han seguido su estela, y en ese sentido son sus deudores, si no sus copias.

Tal era el riesgo que corría la casa Dior hace cinco décadas con esa creación que el anuncio de lanzamiento proclamaba: “viril, discreta y fresca”. El énfasis publicitario en la masculinidad del producto obedecía a que muchas mujeres, pensando que era una fragancia femenina, lo hicieron suyo. Era lógico: hasta entonces los aromas masculinos destacaba por su intensidad y contundencia, más amaderados. Desde entonces han cambiado mucho los cánones de estilo del hombre y a su dulcificación ha contribuido sin duda esta fragancia de Dior.

Desde su lanzamiento, la maison francesa ha tenido además el acierto de no variar el diseño de la botella: las mismas estrías en diagonal del cristal, la misma etiqueta con el mismo logotipo y el mismo tapón plateado. El envase de Eau Sauvage es tan mítico como su contenido. En sus campañas publicitarias a lo largo de las décadas se han sucedido Alain Delon, Johnny Hallyday, Zinedine Zidane e incluso el Corto Maltés. Y en una clara muestra de su personalidad innovadora, los anuncios de los años 80 incluían dibujos de hombres desnudos, cubiertos por una toalla o de espaldas, mirándose al espejo.

Un consejo: optar por la Eau Sauvage clásica. Dior ha creado numerosas variantes (Extreme, Parfum, Cologne o Sauvage, a secas) que no han logrado elevarse al nivel del aroma original. Es demasiado difícil de igualar, incluso para quienes lo crearon.

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2. El más atrevido: Opium, de Yves Saint Laurent (1995)

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Opium Pour Homme es, sencillamente, un escándalo. No es una exageración. Desde su lanzamiento en versión femenina (1977) y masculina (1995) ha llegado a ser prohibida en algunos países, como Arabia Saudí, porque sus autoridades consideran que su nombre incita al consumo de estupefacientes. Sus campañas han sido ampliamente criticadas por tratar a las mujeres, y también a los hombres, como objetos sexuales. Todo a su alrededor es delirante y onírico, como evidencia el hecho de sea la única fragancia para la que David Lynch haya rodado un anuncio.

Se trata de un perfume oriental, intenso, inconfundible y contundente, diseñado por Jacques Cavallier. Se puede oler sobre la piel horas después de haberse aplicado. En principio huele a anís y grosella, con una base de vainilla y notas amaderadas que permanecen tras su aplicación. Es inconfundible, uno de esos aromas que incluso los que no son expertos en perfume pueden identificar de forma instintiva. Dada su intensidad, es mejor usarlo en invierno, aunque sus fanáticos jurarán que es adecuado también en verano. En algunas temporadas, la casa Saint Laurent ha comercializado una versión tipo agua fresca muy diluida y con poca personalidad.

Es, en definitiva, un perfume para hombres con las cosas claras y cuyo objetivo principal no sea la discreción. Así los retrataba el primer anuncio de la fragancia, en 1995. Su imagen era Rupert Everett, con una bata de seda púrpura que dejaba buena parte del pecho al descubierto, tumbado sobre una cama de plástico roja. La cámara daba vueltas, provocando una sensación de vértigo, mientras el actor se acariciaba la piel.

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3. El más fresco: L'Eau d'Issey, de Issey Miyake (1994)

El amor del diseñador japonés Issey Miyake por la escultura y la tecnología tiene su versión olfativa en un aroma que también le debemos a la nariz de Jacques Cavallier, un maestro a la hora de interpretar a grandes diseñadores para sus perfumes. La elaboración corre en realidad a cargo de una empresa subsidiaria de Shisheido y tiene una calidad en los ingredientes y en la mezcla difícil de igualar. Es una fragancia muy fresca, a la vez muy acuática y muy amaderada, como un día de verano en una isla remota.

Lanzado en 1994, es un perfume complejo, con una base de vetiver, sándalo, cedro, ámbar y tabaco, salida de cilantro, ciprés, mandarina, estragón, salvia, bergamota, y lima ácida y calone, y un componente central de nuez moscada, geranio y azafrán, entre otros. Sobre esta base, muy trabajada, el diseñador lanza de forma habitual ediciones especiales y limitadas de sus fragancias; aunque ninguna es capaz de estar al nivel del original, que además se ofrece en desodorantes, after shave y leche hidratante con un aroma muy similar.

Una anécdota: Miyake es muy popular en Francia, que le ha reconocido incluso con la Legión de Honor. Pensando en ese mercado principalmente, le dio el nombre de L'Eau d'Issey, que en francés suena como L'Odissée, o La Odisea, en referencia al clásico de Homero.

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4. El más masculino: Fahrenheit, de Dior (1988)

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Se ha escrito mil veces, pero no está de más recordarlo: Fahrenheit huele a gasolina. Es cierto. Esta fragancia creada por Jean-Louis Sieuzac y Maurice Roger es la versión aromática de una moto sobre el asfalto al atardecer. Es contundentemente masculina, tal y como se concebía la masculinidad en el cine y la televisión de los años 80, cuando nació. Su base es la resina de benjui. Le añade sándalo y unas notas de salida de espino, madreselva y violeta. El resultado: un aroma a gasolina que, además, es muy duradero e inmediatamente identificable.

El envase, como casi todas las creaciones de Dior, es icónico: una botella de vidrio rojo gruesa en la base. Es tan reconocible como las campañas de publicidad del perfume, que suelen presentar a hombres ante grandes espacios en el mar y la montaña, con esa apelación a la aventura y la masculinidad.

En 2014, Dior pidió a François Demachi que modificara la base para darle un toque más fresco para una edición en versión de agua de colonia y otra que ha llamado Fahrenheit Parfum, que en realidad endulza el aroma con vainilla de Bourbon, con lo que en vez de gasolina, el producto huele a whiskey.

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5. El más emblemático: Egoïste, de Chanel (1990)

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Sin duda, esta es la mejor obra olfativa del maestro Jacques Polge, quien se propuso crear la versión masculina de la icónica Bois des Iles, que como Chanel nº5 empleaba en abundancia el sándalo. Polge decidió emplearlo también como la raíz de su nueva creación masculina. Le añadió rosa en la base, dándole un ligero toque floral, que compensa con un abundante uso de las especias hasta dotarla de un carácter algo andrógino, que no unisex. El suyo es un aroma cálido, concentrado, contundente, ideal en invierno. El propio Polge lo ha descrito como un “aroma para la seducción y para el sexo” y lo ha señalado en varias ocasiones como su creación favorita.

La fragancia se comercializó en 1984 con el nombre de Bois Noir, y se vendía exclusivamente en tiendas Chanel, sin publicidad. Luego ya fue distribuido más ampliamente como Egoïste, en 1990. El artista Jean-Paul Goude diseñó para el relanzamiento el que tal vez sea el vídeo publicitario más célebre de la historia de los perfumes, con unas mujeres desenfrenadas gritando desde sus balcones al protagonista, un egoísta en carácter y perfume.

Nunca ha sido un superventas. Es, en realidad, un perfume de culto, porque irónicamente una versión bautizada como Egoïste Platinum, lanzada en 1993 y mucho más dulce y floral, la superó con creces en popularidad y ventas.

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