México, país de dualidades

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Cd. de México (17 junio 2018).- El México del norte y del sur; el México urbano y rural; el México rico y el México pobre; el México indígena y el México no indígena; el México de oportunidades y el México de expectativas frustradas.

El país puede crecer económicamente y, a la vez, seguir siendo un lugar donde hay pocos ricos y muchas personas en situación de pobreza, pocas personas con oportunidades y muchas con difícil acceso a éstas. El estudio "Desigualdades en México 2018", de El Colegio de México, así lo confirma.

¿Dónde se bifurcan esos dos países que parten de un mismo tronco? El acceso a las oportunidades, a mejores servicios y a una mejor calidad de vida dependen del ingreso de las personas; pero también de su etnia y hasta el lugar donde nacieron.

"Son muchos Méxicos. Es un gran caleidoscopio territorial y de experiencias de vida distintas para las personas condicionadas o determinadas, sí por su lugar geográfico de nacimiento, pero también por su lugar de nacimiento en cuanto origen social y en cuanto a las oportunidades que una variedad de bienes y servicios ofrecen", dice Laura Flamand, coordinadora general académica del Colmex.

"Es una serie de factores que se acumulan para que la experiencia de vida, el acceso a los derechos y a las oportunidades sea diferente para las personas", añade.

Norte-Sur


Un trabajador en Chiapas gana mensualmente 3 mil 708 pesos; por la misma labor, un trabajador en Nuevo León gana 7 mil 371 pesos al mes.

Los estados con los salarios más altos son Baja California Sur, Ciudad de México, Nuevo León y Querétaro, con 6 mil 658 pesos al mes como mínimo en promedio. Los trabajadores de los estados del sur como Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Puebla y Tlaxcala ganan menos de 5 mil 575 pesos al mes en promedio.

Los investigadores del Colmex advierten que, aunque las personas más pobres incrementen su poder adquisitivo, son los ricos los que se verán más favorecidos con el crecimiento, lo que perpetúa las brechas en recursos y acceso a oportunidades.

El reporte da cuenta de que los mexicanos más pobres tienen una mayor probabilidad de mejorar su posición socioeconómica si nacen en los estados del norte, que si son oriundos del sur, en circunstancias similares.

Y, en ese sentido, el documento señala que aunque tengan niveles de escolaridad similares, los mexicanos tienen condiciones laborales dependiendo de su ubicación geográfica. Una nación partida por su geografía.

Por ejemplo, en Sonora, el 58 por ciento de las personas tiene acceso a servicios de seguridad social, mientras que en Puebla, sólo el 27 por ciento tiene los mismos beneficios.

En las entidades del norte, o también en Jalisco, Colima, Aguascalientes o Ciudad de México, la mitad o más de la población cuenta con prestaciones de seguridad social. En los estados del sur, menos del 37 por ciento de la población cuenta con esos beneficios.

Flamand asegura que, incluso, la tasa de mortalidad infantil en México también está determinada por el lugar donde nace una persona.

"Veamos la tasa de mortalidad infantil: los niños que mueren el primer año de vida. Ahí no hay nada de esfuerzo o mérito, simplemente por dónde naciste está condicionada tu probabilidad de sobrevivir el primer año de vida", afirma.

"Puebla tiene una tasa de mortalidad bastante alta, y la tasa de mortalidad dentro de Puebla es muy distinta. En la capital, por ejemplo, hay una tasa de mortalidad muy baja, de las más bajas del país, y si te mueves a la sierra norte, están las tasas de mortalidad más elevadas", señala.

En México, dicen los especialistas, persiste la desigualdad a lo largo del tiempo y las generaciones, lo que significa que los mexicanos que nacen en hogares con ventajas económicas seguirán siendo ricos en la edad adulta; mientras que los mexicanos que nacen pobres, no saldrán nunca de esa situación.

El ascenso social, la escalera de oportunidades, está quebrada en un país partido. Según el estudio de El Colegio de México, sólo 2 por ciento de los mexicanos que nace en situación de pobreza será rico algún día. El 76 por ciento permanecerá siendo pobre.

Aunado a la desigualdad del ingreso, aunque el desempleo se ha mantenido bajo en el país los últimos años, los empleos creados se caracterizan por ser precarios, pues carecen de prestaciones y de una remuneración suficiente.

El porcentaje de personas con ingresos laborales menores a un salario mínimo se incrementó de 14 por ciento en 2000 a 24 por ciento en 2017.

Además, el porcentaje de trabajadores que no tiene acceso a seguridad social, 45 por ciento, se ha mantenido en el mismo nivel por 20 años.

A pesar de que la educación es fundamental para mejorar el estatus socioeconómico y acceder a mejores oportunidades, el sistema educativo ha profundizado las desigualdades más que resolverlas.

El documento detalla que los niños y los jóvenes ricos tienen una probabilidad 23 por ciento más alta de estudiar la secundaria que los niños y jóvenes más pobres; mientras, la desventaja de los indígenas frente a los no indígenas es de 38 por ciento de poder ir a la secundaria. Contrastes desde las aulas en generaciones afectadas por distintas desventajas sociales.

Los alumnos de menores ingresos suelen asistir a las escuelas en peores condiciones de infraestructura y con los maestros menos preparados, por lo que desarrollan menos habilidades educativas que los niños y jóvenes que asisten a planteles con mejores condiciones.

El estudio recuerda que en la prueba internacional PISA 2015, los alumnos mexicanos que lograron aprendizajes sobre el nivel tres, que es de buenos aprendizajes, fue sólo el 17 por ciento en ciencias y matemáticas, y sólo el 25 por ciento en lenguaje de toda la población.

Los académicos del Colmex alertan que los jóvenes que pertenecen a hogares ricos tienen cinco veces más probabilidades de obtener buenos aprendizajes en comparación con los jóvenes de hogares más pobres.

Asimismo, encontraron que las diferencias étnicas y regionales inciden en qué tantos aprendizajes obtienen los jóvenes en la prueba PISA, que presentan los mexicanos de 15 años que están por terminar la educación básica.

Es siete veces más probable que un alumno no indígena salga bien en la prueba PISA que uno indígena; y 4 veces más probable que un alumno de una escuela urbana alcance buenos aprendizajes que uno que asiste a una escuela rural.

Los expertos destacaron que hay una fuerza importante de las desigualdades intrarregionales, por ejemplo, aunque hay diferencias significativas en los resultados educativos entre las entidades del País, la mayor diferencia está dentro de cada estado.

"La desigualdad dentro de cada entidad es mucho más fuerte y eso habla de que dentro de cada entidad tienes otros Méxicos", indica Emilio Blanco, especialista en Educación del Colmex.

Otros desafíos

El retorno de mexicanos desde Estados Unidos y los efectos del cambio climático son dos nuevos desafíos a los que el país se tendrá que enfrentar en materia de desigualdad.

El estudio de Desigualdades advierte que las personas que regresan a México después de vivir en Estados Unidos constituyen un grupo en desventaja que se incorpora al de por sí desigual contexto nacional.

El análisis del Colmex detalla que casi 80 por ciento de los 5.8 millones de mexicanos indocumentados ha residido más de 10 años en Estados Unidos y sólo 7 por ciento llegó en los últimos cinco años, lo que significa que la mayoría de la población indocumentada ha creado vínculos familiares, de amistades y laborales en el país vecino.

El reto, señalan los investigadores, está en crear políticas públicas para facilitar la incorporación al mercado laboral de los migrantes en retorno, porque la mayoría se encuentran en edades económicamente productivas, el 28 por ciento tiene entre 35 a 44 años y el 14 por ciento entre 45 a 54 años.

México tiene en la migración un círculo perverso atado justamente a la honda desigualdad. Las remesas familiares han constituido una de las principales fuentes generadoras de divisas de la economía mexicana pero su distribución es desigual en el territorio.

"¿Qué tan importantes son las remesas en las economías de los estados?" se preguntan los autores del estudio. "En 2016, Michoacán tuvo un ingreso por estos envíos equivalente a 11.6 por ciento del PIB estatal, Oaxaca de 9.3 por ciento y Guanajuato de 5.4 por ciento. Distintas investigaciones han mostrado que los flujos de remesas tienen efectos positivos en las economías, pues estabilizan los patrones de consumo de los hogares receptores y favorecen su inclusión en el sistema bancario", se precisa.

Pero la alta dependencia de esos recursos deja abierta una puerta de vulnerabilidad a amplias regiones del país frente a circunstancias externas, ya sea por el endurecimiento de políticas migratorias o por las propias situaciones económicas que atraviese Estados Unidos.

La desigualdad territorial en la distribución de remesas puede observarse al confirmar que el mayor porcentaje de ingresos por esa vía llega a la Ciudad de México, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Michoacán, Puebla y Oaxaca. Michoacán y Guanajuato son los receptores más importantes; las entidades que reportaron menor ingreso por remesas son Baja California, Campeche y Quintana Roo.

Por décadas, los mexicanos cruzan la frontera obligados por sus condiciones socioeconómicas. Los migrantes dejaron un país pobre, maltrecho, que no les otorgó oportunidades. Regresan a uno con hendiduras mayores y circunstancias de contraste. Avances en algunas zonas, retrocesos en otras.

Para las mujeres, por ejemplo, la condición es mucho más desfavorable aunque también contradictoria. "Entre los migrantes de retorno se reproducen desigualdades por sexo en la condición de actividad, pues hay 25 veces más mujeres dedicadas a los quehaceres del hogar que hombres. Sin embargo, si una mujer logra insertarse en el mercado laboral encuentra mejores condiciones laborales que un hombre. Por ejemplo, la proporción de mujeres que recibía aguinaldo o servicio médico por su trabajo era un tercio más que la de los hombres en las mismas condiciones", puntualiza el estudio.

En cuanto al cambio climático, se advierte que las condiciones de infraestructura en la que viven los mexicanos más desfavorecidos aumentan su vulnerabilidad ante los desastres naturales, y la precariedad de sus recursos materiales limita su capacidad para responder en el corto y largo plazos a los riesgos climáticos.

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