No dejes que la adversidad te destruya, psiquiatras coinciden en salir fortalecidos mediante la resiliencia

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Todo va bien en tu vida hasta que, de pronto, sin previo aviso, la adversidad te golpea.

Parece imposible sobrellevar la desgracia, pero aun así, coinciden psiquiatras, tienes tres opciones: dejar que el suceso te marque, te destruya o te fortalezca.

Para salir fortalecidos, la herramienta más útil se llama resiliencia. Es la capacidad de ajuste que tienen las personas en un contexto desfavorable y después de haber vivido experiencias traumáticas, explica Eunice Itzel Valle Arteaga, subdirectora del Hospital Regional de Psiquiatría Morelos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Parece un misterio de dónde surge, pero estudios demuestran que, en cada caso, el individuo potencializó al máximo nivel sus características positivas, detalla la experta.

La resiliencia se considera uno de los mecanismos más avanzados de adaptación con los que cuenta el ser humano.

"Las desgracias pueden ser muchas y venir de manera constante, pero siempre hay un motivo por el cual vale la pena continuar y seguir aprendiendo. Nunca están solos aunque así se sientan. Siempre hay alguien a lado para que te brinde una mano; si no es un familiar, puede ser un amigo, puede ser personal de salud e incluso una persona que se encuentre frente a ti y te brinde una sonrisa".

Los individuos resilientes tienen mucho apego a la relación con sus padres, la cual a su vez, influye en el fortalecimiento de la estructura psíquica. Mientras más fuerte es esta estructura, subraya, será mejor la capacidad adaptativa ante cualquier crisis.

Las personas empáticas, asegura, generalmente son las más resilientes porque se pueden identificar con los otros. Además, tienen la capacidad de evaluar las circunstancias desde un panorama muchísimo más amplio y de ahí obtener esa enseñanza que caracteriza a los resilientes.

'La resiliencia es regresar a tu estado natural'

El día del médico José Villela Vizcaya comienza a las 5 de la mañana, entrena tres horas en la alberca, pues se prepara para una competencia importante, y después reparte el día entre atender a sus pacientes y dar clases en la Universidad Panamericana.

El joven psiquiatra decidió que no lo frenarían ni la fractura de cuello, ni las tres vértebras cervicales dañadas y la afectación a la columna vertebral que le provocó un accidente hace siete años.

Se convenció de que la adversidad es una gran escuela porque, explica, los valores y virtudes más grandes de las personas surgen en los momentos más difíciles.

"La resiliencia es regresar a tu estado natural e incluso salir proyectado más allá de la adversidad para tener un crecimiento después del golpe", expone.

El discurso cobra mucho sentido cuando se conoce la historia de quien hace siete años era un residente de 24 años que planeaba ser cardiólogo.

Tras realizar sus prácticas médicas, conducía rumbo a su casa cuando un camión que transportaba 2 toneladas de basura cayó del segundo piso del Periférico, desde una altura aproximada de 10 metros, sobre su vehículo detenido por un semáforo en rojo.

"Sólo escuché un sonido muy fuerte, como una especie de choque o de explosión. En ese momento no entendí qué había pasado aunque estaba despierto y poco a poco me fui dando cuenta que no podía moverme, que estaba apresado en mi coche y a oscuras, porque no entraba luz", comparte en entrevista.

El médico fue rescatado por policías y paramédicos que arribaron al lugar del accidente, pero el chofer del camión de basura murió.

Recuerda que estaba en la ambulancia a punto de ser trasladado al hospital, cuando llegó su papá con quien, a partir de ese momento, tuvo una conexión muy especial.

"Fue un momento fuertísimo. Entró por la puerta de atrás de la ambulancia, y en el instante en el que se sube y nos vimos, fue una descarga masiva de emociones de ambos lados.

"Él me decía: 'Ya llegué, tranquilo'. 'Yo soy tu papá y no voy a dejar que te pase nada'. Y por otro lado, yo le decía con los ojos: 'Papá, ayúdame, te necesito'. Duró unos 5 segundos este momento, pero marcó una actualización completa de mi relación con mi papá y con mi mamá, aunque físicamente no estaba ahí", afirma.

Al llegar al hospital, el diagnóstico fue desalentador. El médico quedó prácticamente paralizado desde el cuello hasta los pies y perdió la sensibilidad. Fue declarado clínicamente cuadripléjico.

Los primeros 10 días posteriores al accidente los pasó en coma y cuando despertó y tomó conciencia de su estado de salud, pensó que su vida no tenía sentido. Conforme pasaban los días, su ánimo fue decayendo hasta que leyó la frase que una amiga de su mamá había dejado pegada en un papel vistoso junto a su cama en la sala de terapia intensiva:

"Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor.- Santo Tomás Moro", se leía en el mensaje. La frase, cuenta, lo hizo reaccionar y la tuvo muy presente durante los nueve meses que estuvo hospitalizado.

Después fue trasladado a una clínica de Estados Unidos en donde fue sometido a un programa intensivo de rehabilitación de 40 días.

Finalmente, el 8 de diciembre, volvió a casa. Su abuela le preparó albóndigas, su platillo favorito, para recibirlo junto con toda su familia.

Fue en este periodo cuando, ayudado por sus colegas, regresó a dar consulta en silla de ruedas y supo que no renunciaría a su profesión. Ya no podría ser cardiólogo así que se inclinó a estudiar la especialidad médica de psiquiatría que actualmente ejerce con éxito.

"Lo que más me ha ayudado es que nunca me he sentido cómodo en el rol de víctima. La victimización, que es una opción después de que te ocurre una cosa negativa, trae consecuencias desastrosas. En cuanto te colocas de víctima renuncias a la opción de ser protagonista de tu propia vida; estás a la merced de la enfermedad y de la adversidad, clausuras toda esa potencialidad de la voluntad", señala.

Actualmente, el psiquiatra tiene una nueva meta: participar en los Juegos Paralímpicos de 2020 en la disciplina de natación.

Hoy, el doctor Villela reflexiona que más que una tragedia, ese evento adverso se convirtió en una lección de vida que le ha permitido desafiarse a sí mismo.

Fuente: Reforma.

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