Sergio Ramírez, el Premio Cervantes y un amor irredento por la literatura

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“Enhorabuena, Sergio Ramírez, por ensanchar las fronteras de un idioma que nos une”, ha escrito el político español Pedro Sánchez, cuando supo que el Premio Cervantes era para Sergio Ramirez (1942), miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua y autor entre otras de Margarita, está linda la mar, que ganó el Premio Alfaguara en 1998.

“Estos días leía a Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir y ahí sale una reflexión que me gustó mucho sobre los premios y los escritores. Murakami, que siempre sale en la lista de espera del Nobel… Lo que dice es que los premios hay que disfrutarlos pero no perseguirlos, porque perseguirlos va contra la libertad que necesitamos los escritores. Bueno: yo no sufría por el Cervantes pero ahora que me lo han dado, pienso ser feliz con él, por lo menos, hasta que el año que viene se lo den a otro”, fueron las primeras declaraciones de Sergio, quien siguió los consejos de su madre cuando en plena Revolución Sandinista, le dijo: “Tienes que volver a la literatura”.

Ramírez volvió a los libros en 1996, luego del fracaso del Frente Sandinista de Liberación Nacional y de sus conocidos desacuerdos con su ex compañero de lucha, hoy presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y con el ya fallecido ideólogo de la revolución, el comandante Tomás Borge.

Autor de Sombras nada más y Mil muertes, novelas que tienen como tema central a Nicaragua, país en el que ha sido vicepresidente, el jurado le otorgó el Cervantes por El jurado, según recoge el acta, le ha otorgado el premio a Sergio Ramírez “por aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor, así como por reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte, todo ello con excepcional altura literaria y en pluralidad de géneros, como el cuento, la novela y el columnismo periodístico”.

“Para mí, escribir es un estado de gracia y representa encontrarme todos los días con el milagro de inventar. Disfruto inventando, aunque hay que decir también que no hay gozo que no tenga un poco de sufrimiento, y no siempre se puede trasladar la imaginación a las palabras y hacerlo de corrido”, admite.

“Al decir de Mario Vargas Llosa, yo creo en la relación matrimonial con la literatura, estoy casado con la escritura y cumplo deberes vitales con ella. Hay gente que puede escribir en un café, como hacía Jean-Paul Sartre, pero a mí no me sale”, dice el autor.

Sergio Ramírez tiene una gran relación con México, de hecho en 2014 ganó el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, que honra “la calidad de su literatura y su papel como intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica”, según palabras del jurado que estuvo compuesto por los también literatos Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Soledad Puértolas, Margo Glantz y Gonzalo Celorio.

Uno de los más destacados escritores de América Latina, cuya valiosa contribución a la creación y las letras en lengua castellana suma medio siglo y está plasmada en por lo menos 55 libros entre novela, cuento, ensayo, testimonio y otros géneros, que han sido traducidos a diversos idiomas: portugués, inglés, francés, alemán, italiano, holandés, danés, noruego, sueco, serbio, ruso, hebreo, y mandarín, entre otros, también ha sido merecedor de reconocimientos como el Premio Latinoamericano de Cuento 1971, el Premio Internacional de Novela Alfaguara 1998, el Premio Casa de las Américas 2000 y el Premio José Donoso 2011.

El escritor nicaragüense, quien ingresó en 1959 a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de León, fundó la revista Ventana en 1960 y encabezó el movimiento literario del mismo nombre. Al mismo tiempo, participó en la resistencia cívica de los estudiantes contra la dictadura de la familia Somoza. Ya nadie llora por mí es su novela reciente.

El Cervantes premia así a alguien profundamente enraizado con la causa continental, un hombre de letras y un hombre bueno. Enhorabuena.

Fuente: Sin Embargo.

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