Símbolo de la Academia

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Por Marco Antonio Cortez Navarrete

Fue un mes de marzo de 1979 cuando toqué a las puertas de Radio Universidad de Yucatán y fue German Celis Quintal quien las abrió para presentarme a su entonces titular, CP María Teresa Mendoza Fernández de Ibarra, quien además de ser directora de la estación XERUY era la tesorera de la Casa de Estudios.

¿Por qué deseas entrar a la radio? me preguntó la profesional, siempre elegante, guapa y muy correcta y educada.

“Me gusta el periodismo, quiero ejercerlo y ser parte de la radio universitaria”, le respondí.

Casi de inmediato me contestó: “trae un proyecto de trabajo, lo analizo y determino”.

Salí de la radio, bajé los tres pisos del edificio central de la Universidad corriendo y al llegar a mi casa, en una pequeña máquina mecánica (casi de bolsillo) redacté lo que, según yo, era un proyecto para la radio.

Al día siguiente se lo lleve, lo leyó detenidamente y después habló con Pedro Sánchez Escobedo, entonces director de noticieros, a quien dio indicaciones para incorporarme en la conducción de las noticias deportivas.

Así empecé, en radio Uady, bajo la dirección, apoyo e impulso de esta gran académica que siempre estuvo pendiente de aquel puñado de jóvenes que, sin cobrar un solo peso, dábamos horas y horas de nuestro tiempo para la radio universitaria, era nuestra vida, era todo.

Ahí conocí a grandes compañeros, hoy profesionales en diversas áreas del conocimiento, ingeniería, medicina, psicología, química, derecho, antropología, etcétera.

Gente que de sus bolsillos, en ocasiones, sacaba dinero para discos, libros o simplemente los traían de sus casas.

Claro está que doña Tere, o Mamá Tere, como le decimos hasta hoy, siempre estuvo pendiente.

Desde sus oficinas en la planta baja (donde ahora está la librería y ahí se ubicaba Tesorería) subía a la radio para ver qué hacíamos y cómo se llevan a cabo las cosas y qué nos hacía falta.

Siempre dispuesta a apoyar con equipos, discos o cualquier otro tipo de material, y para quienes abríamos la estación o acudíamos los fines de semana, estuvo también pendiente de todo, incluso de nuestra alimentación “ya comieron hijos” nos preguntaba y aún respondiendo que sí nos autorizaba pedir de las “Mil Tortas” que estaba sobre la 62 con 57, para estar a gusto, para continuar haciendo lo que nos fascinaba.

Esa era nuestra retribución y estábamos felices y contentos.

Mi gratitud a muchas personas que me enseñaron cómo hablar ante un micrófono.

Pedro Sánchez Escobedo, Irving Berlin Villafaña, Rosa María Arceo Cámara, Jacinto Herrera Leon, Simón Bixara (+), José Cortazar, Hector Arjona, Angelica Balado, y muchos, muchos más.

Radio Universidad, desde su fundación, es cuna de grandes profesionales y comunicadores, centro de pensamiento crítico, como es y debe ser la naturaleza de una Universidad.

¿La pregunta es?

¿Que queda de esa radio, a la que íbamos por amor sin importar las horas que pasábamos en ella?

Es por ello que un servidor tiene mucho que agradecer a la gran mujer, profesional, académica, esposa y madre de familia, que me abrió las puertas de Radio Uady para iniciar una carrera de 37 años en medios de comunicación.

Al año de estar en la radio recibí una invitación (de Francisco Chi Lavadores) para ingresar a Grupo Sipse como productor de noticieros y de ahí en adelante recorrí medios locales y nacionales donde aprendí a trabajar como reportero, como comunicador, hermosa profesión que exige sacrificio y entrega pero que deja miles enseñanzas y satisfacciones para el resto de la vida.

Regresé a la Uady en 1983 y desde entonces y hasta 2016 me entregué en alma, vida y corazón.

Todo esto es producto del apoyo y confianza de aquella mujer que creyó en mi y que ahora el Congreso del Estado de Yucatán la reconoció por su histórica labor en la máxima casa de estudios.

Doña Tere, en lo personal, siempre estaré agradecido con usted, por creer en mi y por dejarme alcanzar mi sueño.

Le envío un fuerte abrazo y que Dios la cuide y conserve muchos años más.

Por cierto, además del Antropólogo Salvador Rodríguez Losa y el biólogo Salvador Flores Guido, doña Tere posee también el título de Profesora Emérita de la UADY.

“Luz, Ciencia y Verdad”

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