Una superllamarada alcanza al exoplaneta más cercano a la Tierra

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Desde que se confirmó su existencia en agosto de 2016, Próxima Centauri B ha sido uno de los objetos de estudio más importantes para los expertos en ciencias planetarias. En primer lugar, porque este mundo extrasolar, situado a apenas 4,2 años luz de distancia, es el más cercano a la Tierra descubierto hasta la fecha. También, porque tiene una masa un poco mayor que la de nuestro planeta. Pero, sobre todo, porque se encuentra en la denominada zona habitable de su sistema, un espacio en el que podría existir agua líquida en su superficie y, por tanto, propicio a albergar vida.

No obstante, no todo son buenas noticias. Próxima Centauri, la estrella alrededor de la que orbita, de la que dista solo 7 millones de kilómetros –el planeta la rodea en 11,2 días–, no se parece al Sol. De esta enana roja, más pequeña y fría que el astro rey, emana un chorro de partículas que ejerce una presión sobre el exoplaneta dos mil veces superior a la que experimenta la Tierra. Con el tiempo, este fenómeno podría haber originado una especie de erosión electromagnética capaz de desmantelar su atmósfera. Esta, de hecho, perdería así tal cantidad de oxígeno que no se podría formar agua en estado líquido. Un estudio de la Universidad de Princeton publicado en 2017 en la revista The Astrophysical Journal Letters abordaba este asunto y ya advertía que, de este modo, se reducían sensiblemente las posibilidades de que se hubiera desarrollado la vida en Próxima Centauri B, al menos tal como la conocemos.

Un lanzallamas estelar

Además, esta enana roja ha sido catalogada como una estrella fulgurante, un objeto que experimenta aumentos súbitos en su brillo a lo largo de todo el espectro electromagnético y del que emanan constantes llamaradas. Pues bien, un equipo de investigadores coordinados por las astrofísicas Meredith MacGregor y Alycia Weinberger, del Instituto Carnegie, en EE. UU., ha descubierto que en marzo de 2017 tuvo lugar una gigantesca fulguración solar en Próxima Centauri que multiplicó su brillo por mil durante diez segundos. Esta fue diez veces más brillante que cualquiera de las registradas en el Sol.

En un ensayo publicado igualmente en The Astrophysical Journal Letters los científicos señalan que, para determinarlo, analizaron los datos proporcionados por el radiotelescopio ALMA, enclavado en el desierto de Atacama, en Chile. Así, averiguaron que a la llamarada le precedió otra de menor intensidad. En total, el suceso duró apenas un par de minutos, pero, como consecuencia del mismo, Próxima B podría haber recibido un baño de radiación de alta energía cuatro mil veces mayor a la que puede recibir la Tierra cuando tienen lugar este tipo de estallidos en nuestro sistema. Ello complicaría mucho el desarrollo de la vida en este mundo extrasolar. “Este tipo de sucesos podría acabar con su atmósfera, evaporar los océanos y esterilizar la superficie, lo que nos lleva a pensar que en la habitabilidad de un exoplaneta influyen muchos factores, además de que se encuentre a la distancia adecuada de su estrella”, señala MacGregor en un comunicado. 

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