Vendí mi vocho, me fui a la NASA y ahora desarrollaré ahí un proyecto: Jonathan Cristian Sánchez Pérez

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Los ojos de Jonathan Cristian Sánchez Pérez se avivan en cuanto empieza a hablar de sus proyectos, de lo que ha realizado y sobre todo se abren más cuando habla del espacio.

Muchos lo conocen como el joven de 20 años, originario de Tultepec, que rifó su vocho para llegar al espacio, o más bien, para llegar a la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), por tercera ocasión, gracias a la capacidad, entrega y compromiso que tiene por realizar sus sueños de llegar a ser astronauta, algo que está muy cercano de ser una realidad.

¿Cuál es tu participación más reciente con la NASA?

El material que van a mandar a la Estación Espacial Internacional se lanzará en el siguiente año, pero lo más padre es que es un material mexicano, pero no puedo decir más porque lo vamos a patentar.

¿Qué pasa por tu mente cuando eres reconocido en la calle como el chico que rifó su vochito para ir a la NASA?

Es una historia que me gusta compartir con todas las personas porque vemos siempre muy lejos ser astronautas, vemos lejana la posibilidad de llegar lejos.

¿Cuál es la fórmula que te ha funcionado para lograr tus objetivos personales?

Solo hay que confiar en nuestras metas, saber cuáles son nuestras debilidades y nuestras fortalezas para seguir adelante, día a día y llegar como yo llegué. Un vochito me llevó a la NASA y ahora les digo a los jóvenes: ¿qué están esperando para cumplir sus metas?

¿Qué lograste rifando tu automóvil?

Logré reunir 15 mil pesos y con eso pude pagar mi vuelo, el pasaporte, la visa y el material que teníamos que llevar en mi primer viaje a la NASA

¿Cómo te ves en 20 años?

He platicado con Rodolfo Neri Vela y José Hernández, que son dos astronautas mexicanos y realmente sí me veo como astronauta, porque voy a luchar por mi sueño y estoy convencido de seguir trabajando para lograrlo.

¿Qué te dicen tus compañeros de escuela cuando saben de tu trayectoria a tus 20 años de edad?

En la secundaria les comenté a mis compañeros que iba a ir a la NASA, que era una de mis metas y se rieron de mí; me dijeron que estaba loco, e incluso me dijeron que me iban a ver vendiendo chicles en la calle, aunque eso tampoco me hubiera dado pena hacerlo, me hubiera dado vergüenza que me hubieran visto asaltando o robando, y ahora yo les digo a ellos, confíen en sus sueños, porque yo pude llegar a la NASA.

Tras este acto de rechazo de tus compañeros, ¿cómo te sientes ahora después de que visitarás por tercera vez la NASA?

Veo muchos mexicanos que se burlan de otros mexicanos, y no quieren verlos salir adelante. Hay que contagiar a la gente a que cambiemos ese tipo de pensamientos para que juntos salgamos adelante, no solo cuando suceden desastres, sino en temas de crecimiento.

¿Qué haces cuando no estás investigando o estudiando el espacio?

Me gusta leer, tomar café o salir con mis amigos. Soy una persona normal como todos los demás jóvenes. Me gusta la fiesta e ir al cine, por cierto la película que acabo de ver y me encantó El primer hombre en la Luna, y también me gusta platicar con mis papás.

¿Cuál es tu libro favorito?

Tengo muchos, pero tengo uno especial que cuando voy a las primarias a dar conferencias les recomiendo el libro Nos vemos en el cosmos, porque habla de un niño que quiere mandar un iPod de oro con todos los sonidos de la Tierra hacia el espacio. También La lección de August, que tiene una frase muy padre: ‘Todos debemos de merecer una ovación en nuestra vida en pie’, y también el libro de Momo, que habla sobre el tiempo que debemos pasar con lo esencial de la vida.

¿Cuándo se presentó el momento en el que supiste que tu vida estaría ligada al espacio?

Un día buscaba un libro en mi casa, tenía yo ocho años, y salió de la nada el libro de Rodolfo Neri Vela, que era de mi hermano el mayor y lo tenía autografiado y lo conoció cuando fue a inaugurar un laboratorio de química de su escuela y se lo firmó. Lo leí, me sorprendió y dije: ‘quiero ser como él’. Así que desde ese momento, todos los días, a través de Twitter, le mandaba mensajes sobre mi admiración por él, hasta que gané esto de la NASA y lo conocí, me mandó a llamar él y desde ahí lo admiro más, porque como dije, quiero ser como él.

Fuente: Milenio

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